jueves, 19 de enero de 2012
notas al margen
Son diez años del primer capítulo de la Novela de Paso, diez años de Elena que fue Lorena que fue Emilia que fue Sofía para desear ser Emilia. Entonces la historia era de Santiago, que fue Rodrigo que fue Francisco que fue Guillermo que fue Andrés para ser otro Santiago.
Sigo pensando que las letras están subordinadas por una sola historia formada de todos (todos)los textos apartados del escritor (se declare, firme, sea, pretenda ser, o se desconozca).
Alguna vez creí que mientras escribiera todo se iría acomodando, o que en algún extraño futuro alguien encontraría el ritmo de las letras y armaría el relato escondido en el relato. Diez años después sé que no pasará, tengo la novela empolvada de mi abuelo y encarcelada la Novela de Paso como prueba y karma del sueño literario.
Hay días que anhelo al suicidio los diecitantos, hoy uno de ellos.
Sigo pensando que las letras están subordinadas por una sola historia formada de todos (todos)los textos apartados del escritor (se declare, firme, sea, pretenda ser, o se desconozca).
Alguna vez creí que mientras escribiera todo se iría acomodando, o que en algún extraño futuro alguien encontraría el ritmo de las letras y armaría el relato escondido en el relato. Diez años después sé que no pasará, tengo la novela empolvada de mi abuelo y encarcelada la Novela de Paso como prueba y karma del sueño literario.
Hay días que anhelo al suicidio los diecitantos, hoy uno de ellos.
sábado, 16 de julio de 2011
pst,pst...
Podría ser el extraño sentimiento de que en el único deslugar es este, o el gusto a las mentiras y los aterrantes primeros capítulos... desconozco, igual tenía que volver por Emilia, volver pretextando una canción de tantas veces (in a little while). Me confieso musical al extremo de revivir.
Vámonos despacio, por lo pronto estas líneas. Ocupo mover los pedales de la bici oxidada.
lunes, 30 de agosto de 2010
laberintismos
Ensayo III
Santiago reconoció al Negro saliendo de un baño del VanGo, se levantó de la barra con un güisqui en la mano derecha y se fue colando entre la gente hasta que empezó a caminar a un lado de él.
-Güey, no voltees... se llevaron a Lorena,
-¡Qué?...
-Sí, ayer... esto ya se puso del carajo
-Sí loco, de hecho todos lo andan buscando
-Un paro
-Lo que sea, compadre...
-Te veo mañana en los gorditos a las once
-Yastá... y ¿cómo anda?
-Jodido
Santiago regresó a la barra, pidió otro Jack con agua mineral y caminó a la salida de emergencia, el Negro se fue abriendo paso entre la gente hasta que llegó a su mesa y se quedó parado junto a uno de sus escoltas.
-Maik...sigue a Santiago
-Yastá patrón.
-Ese cabrón es mi carnalito... cualquier pedo, me vale madres, es tú bronca
-Seguro
-Ah, güey... a mi jefe naa de nada.
El guarro salió caminado del antro por la misma puerta por donde se había ido Santiago.
Santiago reconoció al Negro saliendo de un baño del VanGo, se levantó de la barra con un güisqui en la mano derecha y se fue colando entre la gente hasta que empezó a caminar a un lado de él.
-Güey, no voltees... se llevaron a Lorena,
-¡Qué?...
-Sí, ayer... esto ya se puso del carajo
-Sí loco, de hecho todos lo andan buscando
-Un paro
-Lo que sea, compadre...
-Te veo mañana en los gorditos a las once
-Yastá... y ¿cómo anda?
-Jodido
Santiago regresó a la barra, pidió otro Jack con agua mineral y caminó a la salida de emergencia, el Negro se fue abriendo paso entre la gente hasta que llegó a su mesa y se quedó parado junto a uno de sus escoltas.
-Maik...sigue a Santiago
-Yastá patrón.
-Ese cabrón es mi carnalito... cualquier pedo, me vale madres, es tú bronca
-Seguro
-Ah, güey... a mi jefe naa de nada.
El guarro salió caminado del antro por la misma puerta por donde se había ido Santiago.
jueves, 26 de agosto de 2010
laberintismos
Ensayo II
-Esta novela de paso está terminando con mis riñones carreteros.
-La Novela, como siempre... na que ver con abrir las puertas equivocadas, recular... llenar todos los vasos e incendiar tu departamento.
-Nada, es la novela... prometo
-Hermano, llevas en esa silla dos semanas... no es reclamo güey, pero apestas hasta las escaleras del edificio.
-Naa, es el olor a humo que se quedó después del accidente.
-¿Accidente?, hiciste una fogata de poemas arriba de tu alfombra
-Y la hubiera hecho de poetas, pero no encontré a ninguno...
-Ja, te debiste de haber mudado a la condesa..
-Ahí más fácil, claro... prometo limpiarme hoy
-Y vestirte,
-Mmmh, ok
-A sí, sólo porque viene ella...
-¿ella quién?
-Esta novela de paso está terminando con mis riñones carreteros.
-La Novela, como siempre... na que ver con abrir las puertas equivocadas, recular... llenar todos los vasos e incendiar tu departamento.
-Nada, es la novela... prometo
-Hermano, llevas en esa silla dos semanas... no es reclamo güey, pero apestas hasta las escaleras del edificio.
-Naa, es el olor a humo que se quedó después del accidente.
-¿Accidente?, hiciste una fogata de poemas arriba de tu alfombra
-Y la hubiera hecho de poetas, pero no encontré a ninguno...
-Ja, te debiste de haber mudado a la condesa..
-Ahí más fácil, claro... prometo limpiarme hoy
-Y vestirte,
-Mmmh, ok
-A sí, sólo porque viene ella...
-¿ella quién?
laberintismos
Ensayo I
Eres pensamiento recurrente desde siempre, compruebo el odio morboso a no ponerme atención y dedicarme a lo otro, lo demás... lo sencillo. Sucede que no puedo dejar de suponerte ni quiero. Noches bonaerenses, bares del sur, hoteles del mundo... primaveras infinitas de otoño en tus ojos de frío. Y no sé si lo que tengo es arrepentimiento o gusto atrasado. Gusto porque sé que eres tú, porque ahora te debo más que nunca sin sentirme culpable.
Anoche volví de mi letargo adolescente (como ves todo lo que soy viene con demora), y fue otro destello del migo... en la casualidad de los espejos donde jamás me he podido reflejar.
Y entiendo que debo luchar por salir de aquí antes de ahogarme, aunque por lo pronto me conformo con la ventaja en mi debo sobre esta inconstancia de cordura.
Eres pensamiento recurrente desde siempre, compruebo el odio morboso a no ponerme atención y dedicarme a lo otro, lo demás... lo sencillo. Sucede que no puedo dejar de suponerte ni quiero. Noches bonaerenses, bares del sur, hoteles del mundo... primaveras infinitas de otoño en tus ojos de frío. Y no sé si lo que tengo es arrepentimiento o gusto atrasado. Gusto porque sé que eres tú, porque ahora te debo más que nunca sin sentirme culpable.
Anoche volví de mi letargo adolescente (como ves todo lo que soy viene con demora), y fue otro destello del migo... en la casualidad de los espejos donde jamás me he podido reflejar.
Y entiendo que debo luchar por salir de aquí antes de ahogarme, aunque por lo pronto me conformo con la ventaja en mi debo sobre esta inconstancia de cordura.
martes, 16 de marzo de 2010
como tú quieras
Entiendo que eres mi occidente con ojos de arrebato,
mi abandono diario.
¡Vuelve ayer! que regresé lunático
y ocupo comprobar que no eres musa-noche
o fantasma-complot, temblor de manos...
un güisqui resultado de mi desadolescencia
que vive sólo por tu pasión intermitente.
mi abandono diario.
¡Vuelve ayer! que regresé lunático
y ocupo comprobar que no eres musa-noche
o fantasma-complot, temblor de manos...
un güisqui resultado de mi desadolescencia
que vive sólo por tu pasión intermitente.
sábado, 6 de febrero de 2010
Guillermo empezó a escribir su novela cuando Lorena estaba a punto de salir del país para abandonarse en un curso de fotografía en la ciudad e Manhattan. Él llevaba tres semanas sin saber de ella y ella había pasado dos veces enfrente del departamento de Guillermo sin atreverse a tocar por culpa de sus viajes (los de él) y su miedo.
Ese día llovía y Lorena estuvo sentada 4 horas en la sala de espera antes de abordar el avión sin soltar la novela que le gritó Guillermo el último día que se vieron.
-Eres una pendeja, el día que leas Si una noche de invierno un viajero...
-¿qué?
-Calvino
-¿Ese día qué? No de quién, adicto!
-¡Calvino, chingáo!, ese día me voy a tirar por la ventana...
Guillermo llevaba 4 años hablando de la novela que escribiría, de los personajes, de que todos los relatos que ha escrito tienen que ver con lo mismo, que no hay escritor que no firme su sentencia con el primer cuento... que todo aparece como un borrador subordinado
-Sólo puedes escribir una historia en tu vida
-En secuencia, todas vuelven a lo mismo.
-¿Qué es?
-Yo qué sé...
Lorena llevaba su portafolios electrónico, su MAC air, la cámara digital Nikon con todos los lentes que le había regalado su padre el día que cumplió 25 años, y la tarjeta de crédito que le dio el abuelo dos días antes de que saliera su vuelo.
-Puedes quedarte en el departamento en lo que vamos tu abuela y yo
-Mi papá...
-No hagas caso, qué ganas de pagar por pagar
-Pero..
-Nada, toma esta tarjeta de crédito y la llave. Todo a cuenta del abuelo mientras la primer foto famosa la colguemos en el rancho. Nos vemos en verano por allá.
-Gracias...
-Dale las gracias a tu abuela.
Ese día llovía y Lorena estuvo sentada 4 horas en la sala de espera antes de abordar el avión sin soltar la novela que le gritó Guillermo el último día que se vieron.
-Eres una pendeja, el día que leas Si una noche de invierno un viajero...
-¿qué?
-Calvino
-¿Ese día qué? No de quién, adicto!
-¡Calvino, chingáo!, ese día me voy a tirar por la ventana...
Guillermo llevaba 4 años hablando de la novela que escribiría, de los personajes, de que todos los relatos que ha escrito tienen que ver con lo mismo, que no hay escritor que no firme su sentencia con el primer cuento... que todo aparece como un borrador subordinado
-Sólo puedes escribir una historia en tu vida
-¿qué?
-es como tus fotos
-¿cómo?-En secuencia, todas vuelven a lo mismo.
-¿Qué es?
-Yo qué sé...
Lorena llevaba su portafolios electrónico, su MAC air, la cámara digital Nikon con todos los lentes que le había regalado su padre el día que cumplió 25 años, y la tarjeta de crédito que le dio el abuelo dos días antes de que saliera su vuelo.
-Puedes quedarte en el departamento en lo que vamos tu abuela y yo
-Mi papá...
-No hagas caso, qué ganas de pagar por pagar
-Pero..
-Nada, toma esta tarjeta de crédito y la llave. Todo a cuenta del abuelo mientras la primer foto famosa la colguemos en el rancho. Nos vemos en verano por allá.
-Gracias...
-Dale las gracias a tu abuela.
sábado, 23 de enero de 2010
df
Empecé a manejar a las 9 de la mañana siguiendo la línea del trolebus. En realidad lo que buscaba era un starbucks para poder sentarme en un lugar intermitente durante algunas horas a esperarla. Nada, al parecer la línea del trolebus va en inconfundible opuesto con las franquicias. En ese momento no tenía prisa, ni ganas, ni sentido... lo interesante viene después: llegué al café a 3 horas de haber salido de la universidad y con 1 hora de retraso para pasar por ella. No había mucho más que hacer, el café de día debe de tomarse sentado viendo la tormenta de la calle y después de haberte quemado la lengua al menos tres veces. Igual ¿qué prisa?, nada... al parecer la línea de mi vida va en inconfundible opuesto a la felicidad.
Ahora estoy perdido en esta ciudad de monstruos con pocas ganas de encontrarme y muchas de regresar el tiempo a los noventas. Nada podía pasarnos hace 20, nada que nos tuviera consternados.
Ahora estoy perdido en esta ciudad de monstruos con pocas ganas de encontrarme y muchas de regresar el tiempo a los noventas. Nada podía pasarnos hace 20, nada que nos tuviera consternados.
martes, 19 de enero de 2010
igual que diario
-Hermanito, he dejado de reconocer las ciudades misteriosas. Ahora se me complica tanto caminar por cualquier calle, ¡tanto como nunca!, y tú más que yo sabes que no han pasado tantos tragos desde esos días en que nos podíamos esconder por semanas con la gente... refugiar el sueño en algún departamento de mujer poesía.
-Otra de tus angustias de adolescente acabado.. mmm, ¿cómo te decía ella?
-Sabe... ¿ella quién?
-¡Sí!, erán tus crisis y mis niñerías, algo así...
-No es igual. Ahora las ciudades me rompen las rodillas.
-Güey, llevas diez años con las rodillas rotas y no me vengas con eso de la edad y los güisquis, los dos podemos recitar el discurso de los diecitantos por días... y aquí entre nos, ya ni pa' ligar sirve.
-Ya sé, pero no, no es eso... son más los abandonos que los años de yeso literario... y mi hija.
-¿Y su novela?
-Igual
-¿Igual, igual?, la última vez que pregunté la estabas empezando...
-Igual, lo mismo.
-Otra de tus angustias de adolescente acabado.. mmm, ¿cómo te decía ella?
-Sabe... ¿ella quién?
-¡Sí!, erán tus crisis y mis niñerías, algo así...
-No es igual. Ahora las ciudades me rompen las rodillas.
-Güey, llevas diez años con las rodillas rotas y no me vengas con eso de la edad y los güisquis, los dos podemos recitar el discurso de los diecitantos por días... y aquí entre nos, ya ni pa' ligar sirve.
-Ya sé, pero no, no es eso... son más los abandonos que los años de yeso literario... y mi hija.
-¿Y su novela?
-Igual
-¿Igual, igual?, la última vez que pregunté la estabas empezando...
-Igual, lo mismo.
jueves, 22 de octubre de 2009
viernes, 12 de junio de 2009
7:35
Los días nos amarraron los dedos. A ti los míos... continúa tú, yo sé que sabes lo que iba a escribir. Empieza otra crisis interminable, tú con tus visitas de Santa Cecilia, yo con los libros en el suelo del departamento. Ahora estoy seguro de que mis cartas con borregos jamás llegaron o nunca las abriste. Es increíble lo que un pueblo tecnológico puede hacer con la gente; primero una exposición en excedente, después el abandono.
Me siento comprometido, te platico.
Regresé a los bares de antes, a los de la generación olvidada y confieso que las mujeres son más atractivas, las cervezas más caras y los güisquis imposibles. Nadie con tu arrebato, las barras dejaron de usarse y en cualquier lugar hay más cadeneros que meseros (te imaginas el caos para la gente como nosotros). Ya no se puede tomar en un lugar desde las doce del día, ya no como antes, los lugares se vuelven pesadilla... sigo despeinado, sólo que ahora por lo viejo, lo viejo viejo, no lo viejo de toda la vida.
Por cierto, falleció el abuelo... ya no hay nadie que hable de los vientos del norte y las mujeres que valen la pena. La familia entera vive de las discusiones políticas. Y sí, me siento en el infierno.
Saludos
Me siento comprometido, te platico.
Regresé a los bares de antes, a los de la generación olvidada y confieso que las mujeres son más atractivas, las cervezas más caras y los güisquis imposibles. Nadie con tu arrebato, las barras dejaron de usarse y en cualquier lugar hay más cadeneros que meseros (te imaginas el caos para la gente como nosotros). Ya no se puede tomar en un lugar desde las doce del día, ya no como antes, los lugares se vuelven pesadilla... sigo despeinado, sólo que ahora por lo viejo, lo viejo viejo, no lo viejo de toda la vida.
Por cierto, falleció el abuelo... ya no hay nadie que hable de los vientos del norte y las mujeres que valen la pena. La familia entera vive de las discusiones políticas. Y sí, me siento en el infierno.
Saludos
miércoles, 18 de marzo de 2009
foto suplente
Clip nocturno regresa confeti suicida... ¿es porque pasaron más de tres decenas de conejos?, viene crisis.
domingo, 10 de agosto de 2008
Carta 2. Borrego de acá para allá
Entiendo tu obsesión por los delfines, por el mar... por las palabras de cualquier literatura, todos sabemos que contigo nunca falta poesía. Pero, ¿de dónde la necesidad de hablar de él? No voy a decir nada, sólo quería que supieras que leí la carta y que regresó todo de golpe, llevo dos días en el piso. Lo siento. Algún día iré a visitarlo, espero que no se muera antes... o sí. Si no muere prometo sacarlo de ahí cuando regrese contigo...
Estoy fascinado con la gente de acá, todos creen en los pronósticos del clima. Ayer nadie salió de su casa porque todos esperaban un huracán, claro que no llegó. Acá esperan las lluvias como allá esperábamos a los delfines.
Regresó al abuelo... ¿crees que sea el momento de hablar de eso? Si tú crees que sí, en la próxima carta escribo todo lo que pienso pero sólo para enterrarlo, no quiero una conversación. Quiero un abandono, ¿entiendes? Me gustaría poder levantarme de aquí a cualquier hora, estos días sólo me he podido parar de 3 a 5 de la tarde. Mañana espero al cartero para mandar esta carta. Me da miedo estar en la calle después de las cinco y caerme al suelo. ¿Te imaginas qué pasaría si no pudiera regresar a casa? Perdón que te aburra con estas cosas ¿a quién si no?
Espero ver a la abuela pronto.
Abrazos a nivel de mar
Estoy fascinado con la gente de acá, todos creen en los pronósticos del clima. Ayer nadie salió de su casa porque todos esperaban un huracán, claro que no llegó. Acá esperan las lluvias como allá esperábamos a los delfines.
Regresó al abuelo... ¿crees que sea el momento de hablar de eso? Si tú crees que sí, en la próxima carta escribo todo lo que pienso pero sólo para enterrarlo, no quiero una conversación. Quiero un abandono, ¿entiendes? Me gustaría poder levantarme de aquí a cualquier hora, estos días sólo me he podido parar de 3 a 5 de la tarde. Mañana espero al cartero para mandar esta carta. Me da miedo estar en la calle después de las cinco y caerme al suelo. ¿Te imaginas qué pasaría si no pudiera regresar a casa? Perdón que te aburra con estas cosas ¿a quién si no?
Espero ver a la abuela pronto.
Abrazos a nivel de mar
tote
Nunca te ha gustado manejar, no es el carro, ni la soledad, ni el clima ni la ciudad. Es tu afición al extravío y a los gritos innecesarios (-“!por qué no le estamos gritando a las perras?”), si las brújulas tuvieran un nombre se llamarían Minerva. Las seis de la tarde es la peor hora, pero así es el mundo asalariado; constante en sus peores y en sus mejores.
Está lloviendo y López aparece encabronado, más que tú que recuerdas a una novia loca y empiezas a mentar madres con las vidrios cerrados (sería una estupidez mentar madres con las ventanas abajo cuando está lloviendo). Te urge una michelada pero si te sales a la lateral para encontrar las más cercanas llegarías media hora más tarde con ella, y eso no te lo perdonaría jamás, ni tú a ella que no te lo perdone. Piensas en lo que te dijo el doctor: “Güero, yo te recomendaría que si vas a tomar ya no tomes cerveza y mucho menos le pongas refresco a tu vino”, el comentario hace que te duelan los riñones. Pero si ya estaba en eso...
-“Ayayayaaaaaaiii, mamá por Dios...”, mejor cambias de canción. No necesitamos pretexto para la fiesta. Todo nos llama, hasta los días en que tratamos de esconder el disfraz pirata en los horarios de oficina.
Avanzas, frenas, avanzas... -“el día que tenga para comprarme un carro automático... me voy a comprar la estatua del Diego, pendejos”
Levantas el celular del asiento del copiloto, claro que no vas a llegar temprano (pero nunca dijiste a qué hora), igual mejor le avisas. Biiiip 3.3.1.2.8.9.... .... .... biiip, biiip:
- Aloooo
- Estoy en el tráfico
- Supuse, ¿vienes?
- Llego en quince, ¿qué escuchas? – te pegas al celular-
- Nada
- Qué raro, siempre tienes música cuando te marco...
- Hoy no, ¿por dónde vas? –se rasca la nariz-
- López
- ¿y qué carajo haces allá? –ojos a la derecha-
- ¡No sé!, me perdí... –golpe al volante-
- Ok, en lo que llegas voy a la tienda ¿qué traigo?
- Ocupo güisqui..
Está lloviendo y López aparece encabronado, más que tú que recuerdas a una novia loca y empiezas a mentar madres con las vidrios cerrados (sería una estupidez mentar madres con las ventanas abajo cuando está lloviendo). Te urge una michelada pero si te sales a la lateral para encontrar las más cercanas llegarías media hora más tarde con ella, y eso no te lo perdonaría jamás, ni tú a ella que no te lo perdone. Piensas en lo que te dijo el doctor: “Güero, yo te recomendaría que si vas a tomar ya no tomes cerveza y mucho menos le pongas refresco a tu vino”, el comentario hace que te duelan los riñones. Pero si ya estaba en eso...
-“Ayayayaaaaaaiii, mamá por Dios...”, mejor cambias de canción. No necesitamos pretexto para la fiesta. Todo nos llama, hasta los días en que tratamos de esconder el disfraz pirata en los horarios de oficina.
Avanzas, frenas, avanzas... -“el día que tenga para comprarme un carro automático... me voy a comprar la estatua del Diego, pendejos”
Levantas el celular del asiento del copiloto, claro que no vas a llegar temprano (pero nunca dijiste a qué hora), igual mejor le avisas. Biiiip 3.3.1.2.8.9.... .... .... biiip, biiip:
- Aloooo
- Estoy en el tráfico
- Supuse, ¿vienes?
- Llego en quince, ¿qué escuchas? – te pegas al celular-
- Nada
- Qué raro, siempre tienes música cuando te marco...
- Hoy no, ¿por dónde vas? –se rasca la nariz-
- López
- ¿y qué carajo haces allá? –ojos a la derecha-
- ¡No sé!, me perdí... –golpe al volante-
- Ok, en lo que llegas voy a la tienda ¿qué traigo?
- Ocupo güisqui..
miércoles, 30 de julio de 2008
hermanitos
:Margarita...
Y te imagino inevitable... todo el camino del trabajo a la casa con el retrato de tu cocina sucia y el maldito polvo que pudo caer en la mesa del comedor llamándote en los ojos. Sabes que no será mucho, ¿cuánto polvo puede caer durante 5 horas en un departamento que está cerrado hasta que tú regresas a limpiarlo? Te supongo en el tráfico de Patria (aunque sé que seguramente tú te vas por Tepeyac) pensando por dónde empezar a limpiar y cómo vas a acomodar la mesa para comer sola mientras Waters te intenta sacar al infinito. Igual reconozco que los trayectos siempre son más rápidos cuando no se piensa que se va, y sólo se piensa que se piensa.
Estacionas el coche entre el boceto de tres carros alegóricos que seguirán esperando al mariachi perfecto (ese que robamos de woodstock) y todo pasa exactamente igual que en la película que terminó en tu cabeza al momento en que abriste la puerta del carro (es probable que los colores hayan cambiado un poco, esa imaginación siempre a funcionado en colores retro).
Limpias con Bunbury, aunque tu rostro alimenta una sonrisa triste. No te explicas por qué ese hueco en las manos si sabes que él va a llamar... que él va a llegar, pero ¿y si no? ¿qué pasará con la tarde si mi hermanito favorito no llamara?. Cancelas la cabeza subiendo el volumen..."No conozco a nadie, que mienta como tú...” y te sirves otra copa de vino antes de empezar a comer. Entiendo, tomar solo, sólo está permitido cuando uno come (regla nuestra), aunque esa es la segunda copa antes de sentarte.
Ya limpiaste, cocinaste, comiste y volviste a limpiar... son las seis de la tarde, suena el celular (en esta historia va a sonar con la misma canción que te despierta). Apagas Bunbury, no quieres que él escuche porque seguro se va a querer ir de fiesta, así somos nosotros, nada nos domina tanto como una canción viciosa.
-sigue, regreso contigo.
Y te imagino inevitable... todo el camino del trabajo a la casa con el retrato de tu cocina sucia y el maldito polvo que pudo caer en la mesa del comedor llamándote en los ojos. Sabes que no será mucho, ¿cuánto polvo puede caer durante 5 horas en un departamento que está cerrado hasta que tú regresas a limpiarlo? Te supongo en el tráfico de Patria (aunque sé que seguramente tú te vas por Tepeyac) pensando por dónde empezar a limpiar y cómo vas a acomodar la mesa para comer sola mientras Waters te intenta sacar al infinito. Igual reconozco que los trayectos siempre son más rápidos cuando no se piensa que se va, y sólo se piensa que se piensa.
Estacionas el coche entre el boceto de tres carros alegóricos que seguirán esperando al mariachi perfecto (ese que robamos de woodstock) y todo pasa exactamente igual que en la película que terminó en tu cabeza al momento en que abriste la puerta del carro (es probable que los colores hayan cambiado un poco, esa imaginación siempre a funcionado en colores retro).
Limpias con Bunbury, aunque tu rostro alimenta una sonrisa triste. No te explicas por qué ese hueco en las manos si sabes que él va a llamar... que él va a llegar, pero ¿y si no? ¿qué pasará con la tarde si mi hermanito favorito no llamara?. Cancelas la cabeza subiendo el volumen..."No conozco a nadie, que mienta como tú...” y te sirves otra copa de vino antes de empezar a comer. Entiendo, tomar solo, sólo está permitido cuando uno come (regla nuestra), aunque esa es la segunda copa antes de sentarte.
Ya limpiaste, cocinaste, comiste y volviste a limpiar... son las seis de la tarde, suena el celular (en esta historia va a sonar con la misma canción que te despierta). Apagas Bunbury, no quieres que él escuche porque seguro se va a querer ir de fiesta, así somos nosotros, nada nos domina tanto como una canción viciosa.
-sigue, regreso contigo.
martes, 29 de julio de 2008
Carta 1. de aquí para allá
Ayer encontré tu carta en el buzón pero no pude leerla de inmediato, nunca me ha gustado esa obsesión tuya de llenar el sobre de timbres gastados como para presumirme que yo nunca podré competir con tu correspondencia; por eso la dejé junto con los envases de cerveza hasta hace dos minutos. Me atreví a levantarla hoy que ya estoy más tranquilo porque otra vez empezó a llover tierra.
Acá todo es muy distinto, acá no hay mar y las mujeres ríen demasiado. Cosas que me han ayudado a no pensar tanto en ti, bueno eso y la lluvia. Hace unos días que sí he pensado en ti, pero más porque no he podido estar con alguien desde hace tres semanas; el trabajo y los años... algo sabrás, y los días en que trato de pensarme con nadie para pasar las noches de insomnio apareces tú. Talvez por que eres la única mujer que... olvídalo.
Me gustaría saber si allá el tiempo sigue pasando igual de rápido. En cuanto salí de ahí sentí una especie de pausa, acá todos los meses son lentos menos octubre, octubre pasa encabronado. Aunque sí, sigo pensando en morir un otoño, pero soy cobarde.
Te cuento algo de mí: quisiera ver un cuadro tuyo.
Saludos,
Santiago
pd. No estoy muy seguro de poder seguir contestando... tiemblo de más, aunque confieso que tuve un momento irremediable cuando te leía.
Acá todo es muy distinto, acá no hay mar y las mujeres ríen demasiado. Cosas que me han ayudado a no pensar tanto en ti, bueno eso y la lluvia. Hace unos días que sí he pensado en ti, pero más porque no he podido estar con alguien desde hace tres semanas; el trabajo y los años... algo sabrás, y los días en que trato de pensarme con nadie para pasar las noches de insomnio apareces tú. Talvez por que eres la única mujer que... olvídalo.
Me gustaría saber si allá el tiempo sigue pasando igual de rápido. En cuanto salí de ahí sentí una especie de pausa, acá todos los meses son lentos menos octubre, octubre pasa encabronado. Aunque sí, sigo pensando en morir un otoño, pero soy cobarde.
Te cuento algo de mí: quisiera ver un cuadro tuyo.
Saludos,
Santiago
pd. No estoy muy seguro de poder seguir contestando... tiemblo de más, aunque confieso que tuve un momento irremediable cuando te leía.
miércoles, 23 de julio de 2008
pphfff... (como cuando ronco)
Decidí volver a Emilia cuando ella ya no estaba. Un sábado a las tres de la mañana que salí del departamento de Rodrigo después de mandar a la mierda a todos mis amigos de la infancia. Supongo que el día que terminas por lanzarte al carajo debe ser en madrugada, sobre todo pasada una noche de las discusiones serias, de esos asinceramientos impensables de las personas que admiras: que Emilia no iba a regresar, que no puedes seguir fascinado con naderías y vueltas de tuerca, que las únicas coincidencias vienen de hacer y las desgracias siempre de la espera... que pasan los años y todos se alejan mientras tú retrocedes... y no porque tú retrocedas.
Entonces le alquilé el departamento a mi exnovia; le escribí la última novela a mi hija, eso era algo que tenía que hacer antes de regresar a la adolescencia de mis treinta y tantos; dejé con Pancho los pocos libros que nunca dejo; me corté el pelo y afeité la misma sombra de barba que tenía a los veinte, esa donde se hospedaban las pelusas de mis noches de poesía en tu Madrid de teatro -y cuando hablo de ti, no es de Emilia... ti y Emilia dejaron de ser la misma persona desde la publicación de mi Novela de Paso. Ti son todas, pero sobre todo tú-; todo llorando porque los amigos se lloran, más cuando todos quieren verte mejor menos tú mismo, en eso pasó una semana. (supongo que debería de empezar de nuevo y escribir que decidí volver a Emilia cuando ella ya no estaba. Una semana después de un sábado...)
Entonces le alquilé el departamento a mi exnovia; le escribí la última novela a mi hija, eso era algo que tenía que hacer antes de regresar a la adolescencia de mis treinta y tantos; dejé con Pancho los pocos libros que nunca dejo; me corté el pelo y afeité la misma sombra de barba que tenía a los veinte, esa donde se hospedaban las pelusas de mis noches de poesía en tu Madrid de teatro -y cuando hablo de ti, no es de Emilia... ti y Emilia dejaron de ser la misma persona desde la publicación de mi Novela de Paso. Ti son todas, pero sobre todo tú-; todo llorando porque los amigos se lloran, más cuando todos quieren verte mejor menos tú mismo, en eso pasó una semana. (supongo que debería de empezar de nuevo y escribir que decidí volver a Emilia cuando ella ya no estaba. Una semana después de un sábado...)
sábado, 5 de julio de 2008
miento
Empiezo a dudar que sea el mundo quien conspira, lo único seguro es la espiral en los huesos y el temblor en todas mis manos (más en la izquierda). Ayer regresé a mi departamento atrapado con el casi-llanto del norte (acá sólo llueve polvo), después de una plática inalámbrica con Carlos. Claro que ya no hablamos de deicidiarios, ni de Elena, ni de lo que a mí me hace falta o de los sueños de ambos. Hablamos de nada por miedo de gente adulta y seguimos extraviados en busca de poesía. Fue un diálogo precipitado donde él aseguró haber encontrado su escape a la hipersensibilidad; yo sigo en eso, aunque coincidimos en que mi extravío tiene que ver con copas y que estamos perdidamente apasionados de tristeza, más yo. Así, me pierdo con millas y puntos que me alejan del ecuador en esta pausa literaria donde alimento personajes asesinos míos, enamorados de ti. -en espera del momento dramático-
lunes, 21 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
